Escupitajos sociales

De un tiempo a esta parte vengo observando una utilización de las redes sociales que estoy empezando a catalogar como “escupitajos sociales”.

El tipo de uso que cada usuario hace a nivel personal de las redes sociales es por supuesto libre y siempre muy respetable. Hay quien ejerce de voyeour sin aportar contenidos ni opiniones, hay quien se limita a volcar el contenido de otros, hay quien opina con mesura o desmesura y también hay quien ejerce una actividad social frenética. La cualidad más grande que posee Internet, y las redes sociales en particular, es la libertad que tenemos todos para elegir qué leemos y también para ejercer la diferencia. Esto es incuestionable.

Lo que empieza a resultar incómodo es que las redes sociales sean consideradas por algunos como una “escupidera” en la que soltar los gapos digitales que tienen atragantados. Porque efectivamente, señores, en las redes sociales estamos todos. Para lo bueno y para lo malo. Estamos compartiendo un lugar común y lo que empieza a entrar en conflicto con esa libertad es convertir al resto de los usuarios en “sufridores”.

Estas son las tipologías que veo cada vez más frecuentemente:
El que sólo se manifiesta para “trollear” contra una marca: esta es una persona que tiene en su interior cosas maravillosas que aportar a los demás pero ha decidido privarnos sine die de su talento y brillantez. Eso sí, cuando quiere hacerle pupa a una marca aparece, decide “sacarle partido” a todos esos amigos que tiene en Facebook o followers en Twitter, saca el periscopio, echa el gapo y se vuelve a su cueva. Yo particularmente soy tan social que incluso estaría dispuesta a poner la otra mejilla para otro escupitajo siempre y cuando de vez en cuando me deleitara con alguna que otra flor. Pero no, para este tipo de usuario, el “poder” que le da su audiencia se limita exclusivamente al del amplificador de su mala experiencia como via para conseguir lo que quiere: vengarse de una compañía. Yo soy tremendamente respetuosa con el perfil bajo en redes sociales, si hay alguien que quiere limitarse a mirar o leer, está perfecto. Lo que esta persona debería saber es que el poder que aporta el social graph de cada uno es mucho más que eso, y que si quiere contar con la influencia social de su entorno digital, debería estar contar con ella también para aportar relevancia.
– El que utiliza sus canales personales para hacer campaña intensiva. Esto lo estamos viendo cada vez más debido a la actualidad pasional que hemos tenido en los últimos tiempos: las cargas policiales, la visita del Papa y el Barça-Madrid: política, religión y fútbol. Es normal que en torno a estos temas y otros más generales, siempre moleste algo de vez en cuando, lo cual se transforma en una queja que se vierte y parece que nos quedamos más a gusto. Todo bien. Lo que empieza a ser cansino es el cambio de posicionamiento repentino de muchos usuarios mes a mes. Repito, cada uno es libre de expresarse como quiera, nada más faltaría, pero cuando uno lleva toda la vida hablando de tecnología y de repente twitea más de 20 veces al día sobre un incidente político, cual líder de una revolución que caduca a las 12 de las noche, para luego volver a su mundo geek durante 2 meses y volver a abanderar sin mesura otra causa es confuso. Sí, ya sé que soy libre de seguir y unfollowear a quien quiera pero para eso existen los posicionamientos. Cuando yo decido seguir a @teleoperador o a @otrodiademierda ya sé lo que voy a leer, lo cual no quiere decir que no me sorprendan tweet a tweet, forma parte de su talento. Pero siempre dentro de un posicionamiento que ellos han escogido y que yo elijo libremente seguir. En cuanto a las causas sociales, por supuesto hay perfiles que nacieron para reivindicar, desde los más profundos como @revolution_info a los más frívolos como @putohelicoptero y están haciendo un papel encomiable así como la participación de millones de usuarios que están marcando una raya en el agua. Lo que me resulta invasivo es aquel tipo que estás siguiendo porque su bio, sus following, su timeline histórico te hablan de una cosa, y sus tweets compulsivos de las últimas 48 horas te taladran con la reivindicación de otras.
El que considera que la libertad no implica orden ni respeto: estos son los peores. Son aquellos que entran en Twitter o Facebook como el que entra en un patio de vecinos a cagarse en la madre que parió a Manolete. A ver, señores, que cuando uno está en la calle, debe respetar unas normas hiperbásicas de cortesía por una pura cuestión cívica. Que cuando usted está en el salón de su casa, escupa en el suelo, escupa sin parar hasta que se resbale en su propia saliva. Pero cuando salga a la calle intente hablar sin insultar, intente no meter el dedo en el ojo a lo Mourinho porque molesta. Esta mañana encontré una respuesta ejemplar de @pedroj_ramirezj a uno de éstos. Por cierto, no he explicado por qué son los peores: porque aún no siguiéndolos, los ves.

En resumen, creo que es un buen momento para reflexionar y pensar cómo podemos sacarle partido a las redes sociales manteniendo un cierto respeto por el usuario, no considerándolas como vía pública en la que vaciar el cenicero del coche sino como un fascinante lugar en el que compartir, informar, aprender y divertirse.

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